Aranjuez

1200 libros dedicados para las mujeres de la Unidad de Madres de Madrid VI

24 de Enero de 2019.

Sí, hay niños en las cárceles, de cero a tres años. Cuando cumplen tres y si la madre tiene que seguir en prisión, solo hay dos opciones: o se ocupa la familia (en caso de tenerla) o se encarga servicios sociales.

Cuando llegamos al módulo de madres de Aranjuez , las internas esperaban, sentadas, en silencio, diecinueve mujeres agarradas a sus bebés como si fueran lo último que les quedara en la vida, no es una metáfora, probablemente lo sean.

Estaban idas. Tristes. Por no sentir, no sentían ni curiosidad por saber qué hacían allí todos esos libros o quiénes éramos nosotras. Costó mucho romper el hielo. De hecho, contamos en un minuto lo que normalmente nos lleva cinco. Ajo hizo el microshow más breve de la historia de A las olvidadas y sólo se animaron cuando una del grupo de las gitanas se arrancó por Luis Fonsi.

Fue raro al principio pero íntimo, familiar, cercano, por primera vez no estábamos en un salón de actos. Al final del encuentro nos invitaron a un chocolate -que les soltó la lengua- y a un bollo industrial. Casi todas estaban encerradas por tráfico de drogas y todas se quejaron de la falta de trabajo remunerado dentro de la prisión: “todo para los hombres”.

Aunque sin duda, para ellas, lo más difícil de todo, nos dijeron, es vivir con la idea de que antes o después tendrán que separarse de sus bebés. Temen los cumpleaños y el paso del tiempo. Eso es una unidad de madres en una cárcel.

 

*A Aranjuez nos acompañó Monstruo Espagueti para dibujar en directo el encuentro.