Granada

1495 libros para las reclusas de la prisión de Albolote, Granada.

Este encuentro fue patrocinado por Obra Social La Caixa, Centro Federico García Lorca y Fundación Federico García Lorca. Muchas gracias en especial a Laura García Lorca por creer en el proyecto y conseguir financiación para poder llevarlo a Granada. Fue una suerte cruzarnos con ella, conocerla y compartir este amor por los libros y la igualdad. Lorca y su familia. Nunca imaginamos una madrina mejor.

Quisimos hacer algo diferente y se nos ocurrió (¿o fue al revés?) organizar un concierto-recital en el auditorio del Centro Lorca con Soleá Morente y Ajo Micropoetisa la noche previa al encuentro con las reclusas. La entrada: un libro dedicado, hasta completar aforo. Se completó enseguida y fue una pena que se quedara tanta gente fuera pero aún así fue mágico. Reunimos 400 libros dedicados más para las reclusas. Al final del concierto, los metimos en cajas y nos fuimos a dormir.

21 de Febrero de 2020.

08:45. Centro Federico García Lorca. Repartimos las cajas de libros en tres taxis (los que enviamos desde de Madrid nos esperaban en la prisión gracias a la generosa ayuda de Marco Aldany que asumió los gastos del transporte de los libros desde nuestro estudio de Madrid hasta la prisión de Granada), nos dividimos y nos dejamos llevar por los taxistas. Tres hombres. Uno de ellos, casualmente, había trabajado en la construcción de la prisión.

Esta vez nos acompañaban: Laura García Lorca, Soleá Morente y su representante Aitana, Sara Navarro del Centro Lorca, una persona de Obra Social La Caixa y Diana Aller de periodista invitada por fin, aunque es mucho más que eso. Diana es guionista y es bloguera y es dj y es total. Su mirada es diferente. De hecho, días después del encuentro publicó este artículo en El Mundo  “A las olvidadas”, un programa que jamás se hará. Donde nosotras vemos una prisión, ella ve un programa que jamás se hará. Aquí un retrato de Diana firmado por Tuchi, la ilustradora de la iniciativa.

Cuando entramos en el salón de actos de la prisión, a eso de las 10, nos encontrarnos con Enrique Morente, un mural de Morente en la pared del fondo, Morente mirándonos, Morente de testigo. La cara de Soleá. Y la nuestra cuando además vimos la puesta en escena de los libros: estaban todos colocados sobre las mesas y sobre telas en el suelo, en el telón se proyectaba un vídeo sobre la iniciativa con imágenes de esta web y de la de teta & teta,  apareció María Ángeles, la interna que se lo había currado todo. Así la retrató Tuchi.

 

 

A las 10.30 llegaron las internas. Eran unas 100. Presentamos la iniciativa, contamos lo que había pasado fuera, invitamos a leer en voz alta algunas dedicatorias, compartimos nudo en la garganta y llegó nuestro momento favorito: invitar a las reclusas a elegir libros. Elegir es un verbo que no se conjuga en las cárceles. En Albolote el tope de libros fue tres por reclusa (por un tema de registro de celdas suelen poner un límite de libros, pero los que quedan en el salón luego los llevan a su/s módulo/s; los libros A las olvidadas nunca van a la biblioteca central de la prisión, son solo para las reclusas).

Una hora más tarde llegó el turno de Ajo que, como siempre, consiguió que se mearan de la risa con su microshow. Y después llegó el momento más esperado por las internas de Albolote, Soleá Morente, que cantó desde una nana de Lorca a capela hasta un temazo de Los Chichos. Estuvo en su salsa. Era su primera actuación en una prisión. Cantamos, bailamos, palmeamos, lloramos, desafinamos y cuando nos quisimos dar cuenta llegó el momento de despedirse.

 

Pero las internas nos dieron una sorpresa final: un regalo, unas esculturas pequeñitas de madera y arcilla hechas a mano. Una guitarra para Soleá y otra para Laura García Lorca, un libro para Ajo y otro para nosotras y un ejemplar para cada una de una revista que editan dentro de la prisión.

Cuando terminamos el encuentro -y con esto ya terminamos el relato de un encuentro precioso- nos llevaron a la sala en la que editan la revista. Su base de datos es un armario de revistas de los 80, así que desde aquí hacemos un llamamiento a los grupos editoriales: molaría que mandarais ejemplares de vuestras revistas a las prisiones.  :)))