León

445 libros dedicados para las reclusas de la prisión de León

17 de Julio de 2019

A León fuimos y volvimos en el día. Alquilamos una furgoneta grande y salimos del centro de Madrid puntuales, a las 06:15 a.m. 17 de Julio. Ni dios en la carretera. Contra el sueño, café y algo que abre más los ojos: los podcast de Las cloacas del estado.

La idea era llegar a las 9.30, 9:45 como tarde, pero entre pitos, flautas, un despiste de Google Maps y los frenazos provocados por los tejemanejes del comisario Villarejo, llegamos casi a las 11. Apuradas. Todavía quedaba pasar setecientos controles y colocar todos los libros. Las internas a las 12:50 se van a comer.

Llegaron todas a la vez, unas sesenta internas. Mujeres iguales que el resto de reclusas que hemos conocido. Mujeres con menos suerte que nosotras.

Presentamos la iniciativa brevemente, leyeron en voz alta algunas dedicatorias, lloraron un poco, se rieron mucho con el microshow de Ajo, se abalanzaron sobre los libros y, en un lugar en el que no pueden eligir nada, eligieron, tres por persona máximo, dijeron las funcionarias. Se sintieron especiales, queridas por gente anónima, por un día, por unas horas.

Fue emocionante como siempre y surrealista como nunca. A diferencia de Aranjuez o Soto Del Real, en León muchas internas tienen trabajo remunerado, en un call center dentro de la prisión, vendiendo seguros “de muertos”, eso decían, con media sonrisa, “la hora la pagan barata pero la comisión de venta está bien y así pienso menos”.

Hablamos con todas las que pudimos, nos dio tiempo a grabar unos cuantos relatos -cada vez tenemos más material para el reportaje- y cuando pensábamos que acabábamos de llegar, tuvimos que despedirnos.

 

 

 

Volvimos a Madrid después de comer, comentando la mañana, haciéndonos las mismas preguntas de siempre y más convencidas que nunca del poder de las dedicatorias y de la relación que hay entre el hombre y el delito femenino.

Llegamos sobre las ocho, contentas, enteras, como si no nos hubiera pasado un camión por encima.