Levante

1426 libros para las mujeres de tres prisiones de Levante.

Aquí empieza vuestro viaje por las tres prisiones de Levante en las que hay mujeres. Es un viaje de dos días comprimido, un tráiler largo, un relato breve. Mientras os ponéis cómodas, aprovechamos para dar las gracias a la Fundación Gabeiras por habernos ayudado a conseguir financiación de Fundación Carasso y del Ministerio de Cultura para seguir con la iniciativa. Nuestra alianza con Gabeiras y Carasso, además, va más allá de llevar libros a las reclusas. Podemos adelantar que se llama La voz que nadie escucha, que durará tres años y que ya está en marcha. Como este tren destino Valencia.

05 de Mayo de 2021.

Día 1. Salimos de Atocha a las 06:45 con mucho sueño cumplido y una baja de última hora: María Lorenzo de Fundación Gabeiras no puede acompañarnos por contacto con un positivo; la echaremos de menos. A las 10 llegamos al parking del Centro Penitenciario Picassent. 1919 hombres y 171 mujeres repartidas en cuatro módulos. Por precaución, no las han juntado en el salón de actos sino que tenemos que ir de módulo en módulo y hacer los encuentros en cada patio, al aire libre. Por primera vez nos acompaña Lourdes Gil Paisán (Coordinadora del Área de Tratamiento y Gestión de la Dirección General de Ejecución Penal y Reinserción Social de Instituciones Penitenciarias), una suerte, de persona. Primer control de seguridad y primer pasillo de muchos; larguísimo, como el cargo de Lourdes. A cada lado, una exposición de objetos de cerámica protegidos por paredes de cristal transparente. Los hacen los internos, dice el director que nos ha recibido y acompaña, orgulloso. ¿Eso incluye a las internas? Contestamos contestonas. Estamos nerviosas. Picassent tiene algo de museo y mucha, mucha luz.

Llegamos al patio del Módulo 17. El Covid, que nos ha separado de ellas durante quince meses, nos acerca más que nunca. En el patio hay más verdad que en el salón de actos; y hoy, mucha excitación. Hay que esperar un poco, anuncia el director, es miércoles y acaban de cobrar el peculio (dinero que ingresa la familia y/o ganan trabajando en prisión), están comprando en el economato. Muy bien. Saludamos. Nos integramos. Nos dividimos. Observamos. Son unas cien. Los libros están ya preparados sobre unas mesas. Nos llama poderosamente la atención una negra muy alta al fondo, solitaria, tiene andares de pasarela; nos ve, viene hacia nosotras pero no se acerca del todo, prefiere guardar distancia y seguramente algo más. Nos impacta su belleza. Por ser bella estoy aquí, nos suelta. No acepta entrar en detalles ni que Rodrigo la entreviste para el documental, pero a Tuchi le da tiempo a hacer un retrato.

La mayoría de sus compañeras hacen cola impacientemente en la ventanilla  del economato. Muchas podrían ser nuestras madres, nuestras amigas, nuestras vecinas; otras responden al estereotipo de reclusa. Compran tampones, detergente y suavizante tamaño viaje, lejía, chocolatinas, embutido, refrescos, tarrinas de paté tamaño buffet de hotel, salvaslips, tabaco. ¿Cuánto cuesta una Coca-Cola? 53 céntimos, seño. ¿Y una caja de tampones? Casi 4€. ¿Os tenéis que lavar la ropa? Sí. ¿No hay lavandería? Sí, pero cada 15 días y tenemos poca ropa, además, no vas a mandar la ropa interior a la lavandería, seño. Seño. Nos llaman siempre seño. Como a las funcionarias o a las educadoras. Las prisiones tienen lo peor de los colegios: infantilizan y castigan. Los días de sol el patio es un tendedero. Del larguero de una portería de futbito del SXX cuelga un sujetador con relleno. ¿Y qué tal la comida? Una mierda, seño. Tienen un buen día.

Poco a poco, la cola del economato se traslada al banco donde Tuchi y Monstruo Espagueti dibujan en directo. Piden retratos. Para mi novio, seño. Para mis hijos, seño. Pues yo quiero uno pa mí, seño. Cierra el economato y empezamos la presentación de la iniciativa. Hablamos de lo que ha pasado fuera, de los libros, de las dedicatorias, de vosotras. Las mascarillas les tapan la cara pero no pueden ocultar su emoción. ¿Alguna quiere leer una dedicatoria? Varias levantan la mano a la vez que miran a la funcionaria pero La Conse se adelanta y adjudica el micrófono a una de ellas que sale, escoge un libro, lo abre y empieza a leer.

Y empiezan las lágrimas. De risa cuando Ajo Micropoetisa inicia su microshow: Si algún día pongo una fábrica de sal la llamaría Sal de Dudas, y si llegara a poner una fábrica de higos la llamaría Higos de Puta. Con este micropoema se tronchan siempre. Ajo termina y da comienzo nuestro momento favorito: invitarlas a coger libros. Se lanzan, es su momento. Nunca reciben regalos, solo órdenes. Aprovechamos para hacer de libreras y para tirarles de la lengua pero no hace falta, tienen muchas ganas de hablar. ¿Qué has elegido? Dos de poesía, seño. ¿Conocías a las autoras? (Son Pizarnik y Gloria Fuertes.) No, pero me ha gustado la portada, seño. ¿Llevas mucho tiempo aquí dentro? Cuatro años. ¿Qué hiciste?, si no quieres no contestes. Tráfico de drogas. Los datos no mienten. La mayoría cumple condena por hurto o drogas, el 80% es madre, el 88,41% ha sufrido violencia machista, el 50% tiene al marido también en prisión. Nos despedimos con un ojalá leáis mucho, muy pocas ganas y apenas tiempo para ir a los otros tres módulos.

Pasillo pasillo pasillo pasillo. Llegamos al patio del Módulo de respeto. Ninguna conflictiva. Son menos, puede que ochenta. Otras mujeres, otra forma de convivir, mismo relato. Aquí también se nota que es miércoles, pero solo porque todas tienen su bolsa de plástico llena de tesoros industriales del economato. Dos observan la escena desde arriba, desde las ventanas de las celdas, con la cabeza fuera de las rejas y las piernas colgando. Se comunican con las compañeras a grito pelado. Parece una película de Fernando León. ¿No bajáis o qué? Estamos confinadas, seño. ¿Y eso? Salimos de permiso el otro día. El encierro dentro del encierro. Han estado muchos meses así.

Hacemos una presentación muy breve para dar más tiempo a la lectura de dedicatorias, a Ajo y a la elección de libros, pero no sirve de mucho. El director nos azuza, todavía quedan dos módulos, Rodrigo deja una entrevista a medias y nosotras todas las conversaciones. ¿Por qué vuela el tiempo así? ¿No estamos en una cárcel? Salimos rezongando.

Pasillo pasillo pasillo. Llegamos al patio del Módulo de Enfermería: muy pocas mujeres, unas siete. Están aplatanadas. O mejor dicho: aplanetadas: en otro planeta, quizá en el de las benzodiazepinas. Lo llaman módulo de enfermería pero parece de psiquiatría; nos hace pensar en un libro de Oliver Sacks.

Al fondo, cuatro mujeres juegan al parchís en una mesa de plástico blanco igual de viejo que el tablero y que la portería del primer patio. Nos presentamos, preguntamos sus nombres, sonríen. Nos miran y nos preguntamos qué ven. Quizá jugar al parchís es su forma de volver a casa. La visita es como una picadura de una avispa, breve pero joder.

Pasillo pasillo pasillo pasillo pasillo pasillo. Llegamos al cuarto y último módulo de mujeres de Picassent: el Módulo de Destino. (En prisión destino significa trabajo. ¿Por qué? Buena pregunta.) Todas las mujeres que trabajan, juntas. Son pocas, puede que unas veinte. Ya han elegido libros. Nos cuentan que viven en celdas de cinco. ¿Os gusta trabajar? El tiempo pasa más deprisa y se saca algo de dinero. ¿Cuánto? Depende de las horas que metas, yo cobro 150€ al mes por muchas horas de limpieza; una mierda. ¿Y tú? Yo por ahí, limpio vis a vis, seño. Se ríen. Yo locutorios, seño. Y yo seño curro en el economato. Por favor, mejor llámame María. Vale, seño.

Fuman Jockey. Se quejan de que, al contrario que en otras prisiones, no venden tabaco de liar que es más barato y dura más. La visita dura un par de cigarros. Huele a estiércol que echa para atrás. ¿De dónde viene esta peste? Hay una fábrica de pienso aquí al lado, seño. También hay que joderse -pensamos -estar en la mierda y que te lo recuerde hasta el aire. Son las 12:55, a las 13:00 tienen que estar en el comedor, tenemos que irnos. ¿No queréis quedaros a comer?, nos pregunta una reclusa con mucha sorna, ¡hoy hay sopa de pescado! Nos despedimos entre risas. Antes de salir, nos llevan al despacho del director y nos regalan un cuadrito de cerámica precioso a cada una. Agradecemos y aprovechamos para hacer una petición: tabaco de liar para las compañeras.

06 de mayo de 2021.

Día 2. Alicante Cumplimiento. Empezamos por la unidad de Madres. Es un edificio pequeño independiente, a doscientos metros de la prisión. Según Lourdes es la unidad de madres más moderna de España. Pasamos un solo control de seguridad, ningún pasillo y también nos recibe el director. El patio -con columpios- también es pequeño y se ve desde la entrada, de hecho es casi la entrada. Antes de nada, empieza otro tour.

Aquí la guardería de bebés. Por precaución, nos invitan a saludar desde la puerta. Hay cuatro bebés a cargo de dos cuidadoras: uno con cresta, uno negro, uno recién nacido y uno bien rollizo enganchado a la teta de su madre. Como a ella, se nos cae la baba. Aquí la guardería de mayores (mayores es hasta 3 años). Subimos al primer y único piso. Aquí las habitaciones del centro. Son como apartamentos pequeños de playa, están muy bien equipados: una habitación (a veces dos por si una reclusa necesita ayuda), un saloncito, sofá, cocina, cuna, cambiador, pañales, biberones, carrito, aparato de aire acondicionado con bomba de calor y un baño, ¡un baño! Pues sí que es moderno, y lo menos parecido a una prisión que hemos visto nunca. ¿Estarán más animadas aquí que en la Unidad de Madres de Aranjuez?

No. Igual es que no hay lujo en el mundo carcelario que ayude a olvidar que te separarán de tu bebé en cuanto cumpla tres años. Termina el tour y volvemos al patio. Las mujeres (unas diez) nos esperan con sus criaturas. Sus caras son un poema de esos que no vienen en ninguno de los libros que pasamos a presentar. Volando. Hoy también se nos ha hecho tarde. Ir con Lourdes es una suerte pero tanto protocolo nos está robando tiempo con las mujeres. Lo entendemos, necesitan hablar de sus cosas pendientes, enseñar las instalaciones; entrenamos la paciencia. Damos paso a la lectura de dedicatorias en voz alta, lloran mucho, tienen las hormonas disparadas, nosotras también así que lloramos juntas. No podemos coger a los bebés, ni siquiera tocarlos; entrenamos la contención. Salimos de allí pensando que por lo menos ahora tienen un montón de libros dedicados para ellas y para sus bebés. Infantiles casi trescientos. A nuestro estudio llegaron muchos más pero descartamos casi la mitad por viejos, pintados, manchados o incompletos. Un regalo es un regalo. El resto es limpieza o caridad.

Salimos y vamos andando a la prisión. Alicante Cumplimiento también es de hombres con un módulo de mujeres. Es mucho más pequeña que Picassent e infinitamente más vieja. Llegamos al patio enseguida, no hay nadie, a menos que cuenten los personajes de los libros preparados en una mesa enorme de piedra. Hay que esperar, informa el director (otro director, otro hombre), ha habido un motín. ¿¿¿Un motín??? Nos explica que no les han cargado el peculio en la tarjeta y que no han podido comprar en el economato, como si la cosa no fuera con él.

Cerca de una hora después asoman, vienen detrás de una funcionaria, en fila india, como hormiguitas cargando pedazos de culpa. Deben ser unas sesenta. Otra vez nos aprieta el tiempo, maldita sea, otra presentación de un minuto; entrenamos la rapidez. La lectura de dedicatorias es breve pero preciosa y el microshow de Ajo, exprés pero de altura: a petición de las internas, lo hace subida a la mesa de los libros. Risas, lágrimas, emoción y elección de libros. La presidenta del módulo (mira, un módulo con presidenta) pide a sus compañeras que elijan un solo libro y se ofrece a anotarlos y guardar el resto. Así puedo llevar un control, seño, que aquí hay mucha lista. Nadie protesta. Después del motín llega la calma.

Mientras documentan y eligen libros, Rodri aprovecha para grabar entrevistas y nosotras para hacer de libreras. Yo quiero algo que hable de mi vida, seño; la verdad es que son totales. ¿Cuánto tiempo llevas? Un año y medio. ¿Por?, no contestes si no quieres. Firmé unos documentos que me pidió mi marido, él también está en este centro. ¿Y os queda mucho? A mí 21 meses, pero no tendríamos que haber entrado porque no tenemos antecedentes, nos asesoraron mal. ¿Tienes hijos? Sí, y cuatro nietas que piensan que estoy en Alemania. ¿Te gusta leer? No mucho seño pero voy a empezar. De nuevo, llega la hora de comer y de irse con las preguntas en la boca. Nos despedimos. Comemos cerca y salimos hacia la prisión de Villena que está a unos 60km. En la furgoneta ponemos la música a todo trapo y cantamos para darnos cuerda.

Centro Penitenciario Alicante II, Villena. Última prisión del tour. Como no, nos recibe el director en la entrada. Hemos dejado todo en el coche pero nos registran de arriba abajo, nos miran las bolsas del material de dibujo y la de rodaje. De todos modos no podéis grabar, anuncia el director, ¿ni siquiera entrevistas a las chicas? No, lo siento. Primera vez que nos pasa. El camino al patio del módulo de mujeres se nos hace eterno pero no por distancia sino porque nos hacen otro tour. Es una cárcel tipo, igual que la de Estremera y puede ser que León. Por fin llegamos al patio. Es enorme. Las mujeres están sentadas en sillas blancas de plástico, muy separadas las unas de las otras; hay tensión, nos recibe un silencio incómodo. Son 51. Los libros están colocados en una fila de mesas. Una educadora nos cuenta que ya los han visto y que han leído las dedicatorias. No hay sorpresa, pero sí mucho viento.

Antes de empezar la presentación, una funcionaria pide que nos quitemos la mascarilla para que una interna sorda sentada en primera fila pueda leernos los labios. Aunque esta vez sí tenemos tiempo, presentamos rápido. No se inmutan. No hay preguntas ni emoción hasta que Ajo empieza su microshow. Entonces se sueltan. Qué alivio. Llega la hora de elegir libros. Un grupo de gitanas se arranca a dar palmas y a bailar. La Conse se suma. Como siempre, cae un tema de Los Chichos. A veces nos creemos un poco Los Chichos. Dieron muchos conciertos en las prisiones, debutaron y se hicieron un nombre con Quiero ser libre, una canción que Jero (el del medio de Los Chichos) compuso con 19 años en uno de los calabozos de la Puerta del Sol. A veces nos gusta definirnos como una mezcla entre Los Chichos y La Barraca.

Hacemos de libreras, hablamos con ellas y entendemos todo. Llevan más de dos horas esperando y están con el morro torcido porque seño, llevo aquí tres años y no he visto al director en mi vida pero para esto sí que viene. El hombre ha sido muy amable pero ¿por qué no nos deja grabar? ¿Oculta algo? ¿El qué? Hay que esforzarse por retener lo máximo posible.

Me acuerdo de una madre y una hija que cumplían condena juntas por tráfico de drogas. Me acuerdo de que la hija trinaba por no tener material para estudiar a pesar de haberlo pedido y pedido y pedido. Me acuerdo de que nos hablaban con miedo a ser escuchadas y castigadas. Me acuerdo, me acuerdo perfectamente, de una señora mayor con el pelo cardado, ojos diminutos azules y enfermos que pidió libros con letra grande. Me acuerdo de una mujer ecuatoriana embarazada detenida en el aeropuerto con un kilo de cocaína. ¿Lo sabías? Sí mija, pero mi primo me amenasó con quitármelos si no lo hacía. ¿Cuántos tienes? Dos niñas y cuatro niños. ¿Con quién están? Allá con mi madre. Me acuerdo de que se derrumbó como una torre gemela. Su historia es la historia de muchas mujeres privadas de libertad. En España, 1 de cada 4 presas es extranjera, el 84% de las que viajan con droga a nuestro país lo hacen para sostener económicamente a sus familias, son cabeza de familia.

Me acuerdo de la imagen de Ajo sentada en un banco entre tres gitanas -dos eran pareja, una trans- como si fuera una más; como siempre. Me acuerdo de una mujer condenada por dar, completamente pedo, una pastilla a su bebé para que se durmiera. Era alcohólica. Me acuerdo de su mirada y me acuerdo de que se me congeló el corazón. Me acuerdo de muchas cosas que preferiría no acordarme. Me acuerdo del libro de Perec Me acuerdo.

Estamos llegando al final de este viaje por las (mujeres de las) prisiones de Levante, tetas. Antes de despedirnos, solo añadir que hemos omitido sus nombres (Carmen, Graciela, Antonia, Mariana, Merci, Isabel, Pilar, Jesi, Vanessa, Amanda, Rama, Ángeles, Inma, Leticia, Noelia, Patricia, etc.) adrede, por si ayuda a no olvidar que en las prisiones son números. Esperamos que no se os haya hecho muy largo. Gracias por haber leído hasta el final. Gracias por no haber saltado de este tren en marcha.

Ilustraciones: Tuchi

Texto: Molaría