Aranjuez

1200 libros dedicados para las mujeres de la Unidad de Madres de Madrid VI.

Cuando llegamos al módulo, las internas esperaban, sentadas, en silencio, diecinueve mujeres agarradas a sus bebés como si fuera lo último que les quedara en la vida, no es una frase hecha. (Sí, hay niños en las cárceles, de cero a tres años. Cuando cumplen esa edad y si la madre tiene que seguir en prisión, tienen dos opciones: o los acoge algún familiar de la interna o servicios sociales.)

Estaban idas. Tristes. Por no sentir, no sentían ni curiosidad por saber qué hacían allí todos esos libros o quiénes éramos nosotras. Costó mucho romper el hielo. De hecho, contamos en un minuto lo que normalmente nos lleva cinco, Ajo hizo el microshow más breve de la historia de A las olvidadas y sólo se animaron cuando una del grupo de las gitanas se arrancó por Luis Fonsi.

Pero fue íntimo, familiar, cercano, por primera vez no estábamos en un salón de actos. Al final del encuentro nos invitaron a un chocolate -que les soltó la lengua- y a un bollo industrial. Casi todas estaban encerradas por tráfico de drogas y todas se quejaron de la falta de trabajo remunerado dentro de la prisión: «todo para los hombres», y todas confesaron temer -se ve venir-  el momento de tener que separarse de sus bebés. Temer un cumpleaños. Puntos suspensivos.

 

*A Aranjuez nos acompañó Monstruo Espagueti para dibujar en directo el encuentro.